4. Rodrigo García

informació obra



Text:
Rodrigo Garcia
Intèrprets:
Gonzalo Cunill, Núria Lloansi, Juan Loriente, Juan Navarro, David Franch
Ajudantia de direcció:
John Romão
Il·luminació:
Sylvie Mélis
Vídeo:
Serge Monségu, Daniel Romero, Ramón Diago
So:
Daniel Romero, Serge Monségu, Juan Navarro
Vestuari:
Marie Delphin
Companyia:
Labuena Compañía
Sinopsi:

Rodrigo García explica que per a cada artista el procés creatiu té les seves pròpies regles; alguns hereten, altres inventen. En el seu cas, però, les regles són tan clares que descriure-les li sembla anecdòtic i ho faria amb poc o cap interès per part del lector. Com descriure una cosa tan natural com respirar?

A 4, la història tracta d'una acumulació de campanes, de caps de coiots, de moviments en roba plena de sabó, de tocadiscs que toquen la quarta simfonia de Beethoven, de galls, de nenes de 9 anys, d’una mica de literatura, de cucs atrapats per plantes carnívores, de samurais, de partits de tennis contra una pintura de Courbet, de dibuixos animats, de reflexions sobre el doggy style, de llums d’estadis de futbol i de drons que porten a la ciutat somnis en forma de música de campanes.

Crítica: 4. Rodrigo García

01/10/2016

Aturdidos por el golpe

per Iolanda G. Madariaga

Heterodoxo, iconoclasta, poliédrico y contundente, Rodrigo García sigue golpeando conciencias con su personal forma de entender el teatro. Sus textos son discursos fragmentados, casi siempre en primera persona (o en una tercera omnisciente), que se vierten en el escenario a modo de peroratas. No lo son. Junto al discurso oral, las más de las veces pronunciado de forma monocorde por unos actores (actuantes u oficiantes, sería más adecuado) que han logrado fundirse con el autor/director, está el gran despliegue escénico de movimiento. El contraste entre la singular rapsodia verbal y la fisicidad palpitante e incluso violenta del movimiento escénico genera una distorsión que contraviene cualquier canon teatral. Rodrigo García juega siempre en los límites, pero su universo poético es tan amplio que llegar a sus márgenes supone adentrarse en un laberinto sin ovillo alguno al que agarrarse. A modo de gran retablo, con diversas capas de lectura multidireccional, 4, una obra concreta habla de la infancia y, de alguna forma, también de la infantilización de una sociedad acomodada y cretinizada por el tedio. Habla de infancia y de violencia y lo que se dice causa un dolor agudo que perdura. La hipersexualización de la infancia -siempre en femenino- puesta así en escena, duele; duele la objetualización lúbrica de la inocencia; duele la infancia recluida… Resulta grotesco ver a dos desconocidos fornicando envueltos en un saco protector que les da una apariencia larvaria, metáfora esperpéntica de los millones de contactos íntimos que se establecen a través de la red. Irónico hasta el sarcasmo es contemplar de nuevo, en semejante contexto, el sadismo impenitente del gallo Claudio. Bizarra extravagancia la de calzar 4 gallos con llamativas deportivas; un lobo con aliento de cenicero y un samurái. Más allá de la simple boutade, el repertorio iconográfico de Rodrigo García bebe de igual modo de lo popular i de la obra plástica de artistas como Robert Rauschenberg o Joseph Beuys -a su vez, también grandes iconoclastas. Su pericia en armar un discurso visual tan directo como sutil transforma el escenario en una lanzadora de inputs de todo tipo. El olor “a limpio” se esparce por la platea mientras los cuerpos enjabonados de los intérpretes generan una grima que contradice la sensación olfativa. El gesto azaroso que busca lo impredecible y unas lombrices atrapadas entre las fauces de una planta carnívora acaban de colmar el dardo certero que lanza Rodrigo Garcia a cada participante de la ceremonia -¡quizá de exorcismo!- que es 4, una obra concreta.