Concert Davidsen, Meier i Theorin

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Sinopsi:

Una constel·lació de llegendes del món wagnerià per celebrar el 175è aniversari de la fundació del Gran Teatre del Liceu. Tres generacions de cantants que han centrat la seva carrera en aquest genial compositor, tan associat al coliseu de la Rambla.

Iréne Theorin i Waltraud Meier, que han estat les millors Isolde i Brünnhilde de la seva generació i han marcat un cànon, ara cedeixen el testimoni a la gran Lise Davidsen. Ella encarna la promesa de les millors nits amb aquests rols. Mentre el món somnia sentir-la, presenta intervencions de Fidelio.

A la segona part, algunes escenes d’Elektra de Richard Strauss ens faran recuperar la memòria d’aquell muntatge de Patrice Chéreau, ara ja mitificat en els annals del teatre. El nostre titular, Josep Pons, serà el conductor d’aquest programa extraordinari.

Crítica: Concert Davidsen, Meier i Theorin

15/11/2022

Es increíble, pero sí, hay noches así

per Enid Negrete

Normalmente los asistentes a un concierto o una opera vamos en busca de un placer efímero, de un momento en el que la belleza forma parte de nuestra vida y nos convierte en seres felices o al menos más tranquilos, una reconciliación con la azarosa vida. Cuando esto se logra ya es suficiente para nosotros, pero hay noches que son mucho más que eso.

Noches en las que descubres algo que no podrías definir fácilmente con palabras, en las que algo mágico, alquímico, se manifiesta y un sonido hace que dos mil personas contengan la respiración al mismo tiempo y una oleada de emoción te invada. Por esas noches, por volverlas a vivir, volvemos los amantes de la ópera al teatro.

Esas son las noches que nos marcan, las que hacen que hiciéramos filas bajo la nieve o la lluvia para comprar entradas, las que hacen que viajemos a otros países a buscarlas. Las que vuelven a la ópera algo que deja de ser efímero, porque las recuerdas durante años.

Una de esas noches fue la del domingo pasado, cuando Lise Davidsen nos regaló una Chrysothemis que nadie de los afortunados que estuvimos ahí, vamos a olvida nunca. ¿Qué es más impresionante? ¿El tamaño de su voz, su capacidad expresiva, la belleza de su timbre o el fraseo perfecto? imposible responder. Lo que sí es fácil de generalizar es que tenemos la sensación de estar frente a una leyenda.

Al lado de ella, una muy buena interpretación de Irene Theorin, quien creó una alegre y enérgica Elektra, llena de detalles interpretativos y psicológicos, que nos dejaba ver su compleja relación con los demás personajes y que en momentos llegó a ser realmente magistral. Todo esto, sin desmerecer nunca el increíble trabajo que ha hecho el Mtro. Josep Pons con la orquesta del teatro.

A parte debemos mencionar a la soprano Waltraud Meier porque, aunque sea su gira de despedida, es poco comprensible entender por qué hizo carrera con este repertorio, ya que no tenía el tamaño de voz que requiere. La verdad es que se le escuchó poco y que en comparación con las dos extraordinarias interpretaciones de sus colegas, su trabajo desmereció mucho.

Claro que no queríamos irnos después del final espectacular y por supuesto que no podía haber ancores. Simplemente habían cantado tres de las arias de las más largas y famosas de Wagner, además del 70% de Elektra, quizá uno de los tour de force más impresionantes que se han visto en una sola noche en el Liceo. Los aplausos obligaron a las cantantes a salir incluso cuando la orquesta se había retirado ya.

Y sí, hay noches así, en las que ese milagro increíble, que es el hecho artístico, se da sin cuestionamientos y te reconcilias con la existencia humana.