Turandot. Franc Aleu

informació obra



Intèrprets:
Maria Such i Marta Polo/ Mariel Fontes i Yordanka León, José Luis Casanova/ Emili Rosés, Ermonela Jaho/ Anita Hartig, Jorge de León/ Gregory Kunde, Alexander Vinogradov/ Ante Jerkunica, Chris Merritt, Iréne Theorin/ Lise Lindstrom, Cor del Gran Teatre del Liceu
Direcció Musical:
Josep Pons
Vídeo:
Franc Aleu
Direcció:
Franc Aleu, Susana Gómez
Vestuari:
Chu Uroz
Il·luminació:
Marco Filibeck
Escenografia:
Carles Berga
Músics:
Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu
Sinopsi:

Tres enigmes desvetllats per un príncep sense nom: l’esperança, la sang i Turandot. Tres personatges clau per entendre el sentit del melodrama en clau pucciniana: Calaf, Liù i Turandot.

Exactament vint anys després de la reinauguració del Liceu amb Turandot (7 d’octubre del 1999), la “princesa de gel” torna al teatre de la Rambla sota la pell de la gran Iréne Theorin en el primer repartiment i de Lise Lindstrom (debutant al Liceu) en el segon. Al seu costat, Jorge de León, Gregory Kunde, Ermonela Jaho i Anita Hartig en dos repartiments de luxe.

L’última i pòstuma òpera de Puccini —acabada per Franco Alfano—, estrenada al Teatro alla Scala de Milà el 1926, és també el títol amb el qual debuta com a director d’escena el videoartista Franc Aleu.

Un espectacle visualment fascinant en la seva concepció escenogràfica i amb un vestuari espectacular, en què la llum juga un paper fonamental al servei d’una òpera tardoverista i innovadora en molts aspectes.

Crítica: Turandot. Franc Aleu

22/10/2019

Por fin una Turandot diferente

per Enid Negrete

Turandot es una de las obras más conocidas y populares del repertorio operístico. Canto del cisne del dios del verismo y fin de una manera de escribir para la voz. Rodeada de misterio y de tragedia, con el telón de fondo de una historia real que lleva a la creación del personaje de Liú y que cada vez pareciera intrincarse más. Primero, era el secreto amor de Puccini, después la víctima de los celos de su esposa, últimamente la inocente mensajera de una aventura amorosa verdadera entre su madre y el famoso compositor. Todo un rosario de posibilidades, cada una con más herramientas dramáticas que la anterior.

La verdad es que el público ya estaba cansado de ver las grandes mega producciones que parecían reproducciones absurdas de restaurantes chinos. Con una visión cansada de la China que Puccini no retrata sino menciona en la lejanía de una leyenda y que no intenta ser otra cosa que un escenario exótico, como era tan apreciado en la estética de la época, donde sucede una acción que ya estaba saliendo del verismo para convertirse en la simbolización de las formas de relación más sugestivas del ser humano.

En la nueva producción que nos regala Franc Aleu con su extraordinario equipo de diseñadores y realizadores, pasamos por un mundo de ensueño tecnológico, con esa frialdad y ese dolor que implica la vida de un pueblo sometido, la determinación sin empatía por cumplir deseos absolutamente egoístas o la condena a una vida no deseada.

Interesantísimos conceptos que no pararon de crear imágenes inolvidables en el escenario: La luna, primero geométrica y luego casi real, que envuelve al coro sin detenerse, el sonido del gong que inunda el escenario con reflejos dorados, la hermosa escena de Ping Pang y Pong con las burbujas de sus recuerdos que se destruyen y quedan en nada cuando los personajes vuelven a la realidad o esa resolución visual de enorme fuerza, que se usa para la muerte de Liú.

Como todo hecho humano, esta producción no pudo desasociarse de los acontecimientos que la ciudad de Barcelona sufrió en esta semana. Y así, en medio de eventos violentos y fuegos callejeros, tuvieron que re acomodarse los elencos para poder cumplir con todas las funciones que estuvieron vendidas al completo desde hace varias semanas.

No pudimos escuchar a Gregory Kunde, lo cual fue una lástima sobre todo porque Jorge de León -aunque se deben admitir su eficiencia y sus cualidades vocales de tamaño y proyección- deja mucho que desear en el fraseo y la emotividad que requiere Calaf. En cualquier caso el público quedó muy complacido con su trabajo.

Iréne Theorin hace una Turandot potente y con la cualidad de tener no solo momentos en que muestra su poderío vocal, sino también las frases delicadas y sugerentes que están en la partitura. Su Turandot es un personaje trabajado desde la madurez como artista, tanto vocal como escénicamente. Por su parte Lise Lindstrom no estaba en plenas condiciones (anunciaron que se recuperaba de una faringitis), por lo cual sus graves fueron difíciles de escuchar y los agudos tenían un deje metálico. Sin embargo actoralmente se debe decir que logra una frialdad de carácter muy convincente.

La Liú de Ermonela Jaho tiene una dulzura tan inolvidable como sus pianísimos y la amplitud de sus frases. Mucha experiencia escénica y mucho trabajo técnico se necesitan para crear un personaje tan entrañable. Por su parte Anita Harting aprovechó su hermoso timbre vocal y su juventud para hacer una Liú encantadora, a la que, sin embargo, le faltó fuerza y verosimilitud dramáticas en su suicidio. Aún así, ambas excelentes sopranos, lograron un triunfo con su trabajo en este papel.

El resto del cast fue de los mejores que hemos oído en los últimos años, destacando sobre todo a Toni Marsol, Francisco Vas y Mikeldi Atxalandabaso, que en los papeles de Ping Pang y Pong nos regalaron algunos de los mejores momentos de la noche.

Es de resaltar el excelente trabajo del coro y la orquesta, dirigidos por Josep Pons y Conxita García

Y si, hubo gritos de “Llibertat presos politics” y banderas de España con rechiflas, una función pospuesta por primera vez en por lo menos 15 años, pero nadie va a olvidar la belleza de estas funciones redondas y emocionantes.