El papa

informació obra



Intèrprets:
Lluís Soler, Xavier Ricart, Núria Farrús, Marc Tresserras, Míriam Lladó
Direcció:
Guido Torlonia
Escenografia:
Paula Bosch
Vídeo:
Joan Rodón
Vestuari:
Míriam Compte
So:
Ricardo González
Assesor de moviment:
Ana Pérez García
Sinopsi:

Lluís Soler i Xavier Boada es converteixen en dos pontífexs aparentment oposats com són Benet XVI, l’intel·lectual tradicionalista i ultraconservador, i Francesc, el reformista radical i extravertit. Ambdós representen a la perfecció el destí simbòlic del pontificat: decidir què és pecat i què és permissible.

El dramaturg i guionista neozelandès Anthony McCarten explica la història de la trobada entre dues grans figures contemporànies, conegudes per tothom, aquesta vegada des d’un context íntim.

El conflicte: tots dos hauran de triar entre renunciar al seu càrrec i retirar-se a una vida d’oració i meditació o ocupar una posició tan determinant. Entre seguir les normes preestablertes per la institució o les de la mateixa consciència.

Crítica: El papa

06/11/2022

Ratzinger y Bergoglio, más acá de Netflix

per Gabriel Sevilla

Quizá no les diga nada el nombre de Anthony McCarten, pero es el cerebro detrás de algunos de los biopics más exitosos de los últimos años, de la oficiosa vida en imágenes de Stephen Hawking (The Theory of Everything, 2014), Winston Churchill (Darkest Hour, 2017) o Freddie Mercury (Bohemian Rhapsody, 2018). McCarten es una factoría humana. Igual escribe una novela que un ensayo o una pieza teatral, la adapta al cine, dirige la puesta en escena y la producción ejecutiva, y distribuye el producto en plataformas de medio mundo, logrando que sean tantos los que contemplan su obra como los que olvidan su nombre. No hay un estilo McCarten, sino una tradición narrativa “de toda la vida” que habla a través de él, sin inventar nada pero rentabilizando al máximo sus mejores recursos. Es lo que ocurre en El Papa, una historia absolutamente convencional pero que va como un tiro, que deslumbra por su rigurosa documentación, por la retranca erudita de sus chistes, por su calculada saña política y su profunda calidez humana. Todo está en su sitio en El Papa, pensado para agradar a partidarios y detractores del papado. McCarten aborda la polémica sin tapujos pero sin hacer sangre. Conjuga belleza y unas gotas de compromiso. Y consigue que, vista su obra, sea imposible disociar los hechos de su versión de los hechos. Y recomendarlo a diestro y siniestro. Porque McCarten sabe cómo contar una historia.

Los hechos son conocidos: en 2013, Benedicto XVI renuncia al obispado de Roma, en pleno escándalo de Vatileaks, facilitando el ascenso de su némesis, el cardenal Jorge Bergoglio, hoy Francisco I. El enfrentamiento entre Francisco y Benedicto tiene mucha más miga de lo que parece. No es sólo un debate entre dos visiones opuestas de la Iglesia. Es una crisis que cierra un ciclo de ocho siglos. Si Bergoglio es el primer Papa Francisco de la historia es porque ningún otro Papa había osado reivindicar a Francisco de Asís, el joven crápula de familia adinerada que, un buen día, decidió desprenderse de sus riquezas y emular a Jesús, renunciando a la propiedad privada y radicalizando el voto de pobreza hasta sacar los colores al Vaticano. No por nada, Francisco de Asís ha fascinado a intelectuales y artistas de izquierdas, desde Pasolini (Pajaritos y pajarracos, 1966) hasta Dario Fo (San Francisco, juglar de Dios, 1999). Y de la orden franciscana han salido algunos de los más brillantes y acérrimos detractores del papado, como Guillermo de Ockham, que escribió una diatriba Contra Juan XXII, al que tildaba de hereje por su concepción poco evangélica de la pobreza. Que la tradición franciscana haya llegado al Vaticano, ochocientos años después del desafío de Francisco, es un desenlace insólito y de doble filo. Significa que el reformismo ha entrado por fin en la curia. Pero también que la curia ha fagocitado a su antigua disidencia. Y aquí cobra todo su sentido el amor-odio de Ratzinger por Bergoglio. En medio de los escándolos sexuales y financieros de la Iglesia católica, el ultraconservador Ratzinger, heredero ideológico de Juan Pablo II, entiende que sólo su antítesis puede salvar a la institución. Hay que cambiarlo todo un poco para que nada cambie. Hay que renunciar al papado como no se renunciaba desde 1294. Hay que dejar entrar a los bárbaros para que no derruyan los muros desde fuera. Éste es el endiablado trasfondo que pesa en las conversaciones de los dos Papas. Y es lo que las hace únicas.

El texto de McCarten apunta la vorágine pero la suaviza. Habla de la corrupción de la Banca Vaticana pero no le da ninguna escena. Menciona los abusos sexuales de clérigos a menores pero los deja perderse en un susurro. Reconoce los turbulentos pasados de Ratzinger en las Juventudes Hitlerianas y de Bergoglio en connivencia con Videla, pero los absuelve bajo la deslumbrante Capilla Sixtina. Y con todos esos peros, McCarten ya ha hecho más que muchos por pisar uno de los grandes charcos políticos de nuestro tiempo. El Papa no es una obra subversiva, ni lo pretende. Pero coge por los cuernos el último gran cisma de la Iglesia de Occidente, nos deja vislumbrar algunos de sus bastidores e impide que corramos un tupido velo sobre el escándalo de Vatileaks.

Guido Torlonia dirige en el Akadèmia una versión reducida de McCarten. Como reconoció el propio Torlonia en un coloquio posfunción, varios pasajes del original habían sido expurgados para aligerar el relato. Y lo cierto es que la hora y cuarenta en el Akadèmia fluye mejor que las dos horas de la versión de Netflix. Torlonia suple, además, las limitaciones técnicas de su modesta sala con el ingenioso espacio de Paula Bosch, apenas dos bancos y cuatro telas, y con el deslumbrante video mapping de Joan Rodón, que recrea los jardines de Castel Gandolfo, el balcón de la Basílica de San Pedro, los frescos de Miguel Ángel y tantas otras localizaciones, logrando una evocación más atractiva que cualquier reconstrucción hiperrealista. Las interpretaciones de Lluís Soler como Benedicto XVI y de Xavier Boada como Bergoglio son de primerísimo nivel. Evitan las caracterizaciones fáciles, la tentación de remedar un tópico dejo alemán o argentino, y llenan a sus personajes de verdad escénica, cargando de intención y profundidad sus diálogos, manteniendo un duelo tan convincente que uno olvida las diferencias con sus referentes reales, pero también las aplaudidas interpretaciones de Anthony Hopkins y Jonathan Pryce en la película de Fernando Meirelles.

El Papa es, sin duda, una de las funciones de la temporada. Y confirma al Akadèmia como un importador de teatro de texto internacional de pequeño formato. Torlonia, director de la obra y de la sala, abundó ya en esta línea la temporada pasada con Red, el magnífico biopic de John Logan sobre Mark Rothko. Y la temporada anterior con La Venus de les pells, la adaptación de David Ives de la novela donde Leopold von Sacher-Masoch dio a luz al masoquismo. El Papa continúa esa apuesta por el diálogo bien trabado, por la obra bien hecha, por la intimidad de lo que Max Reinhardt llamaba el Kammerspiel, la pieza de cámara donde sólo importan la psicología del gesto y la palabra. Gracias al Akadèmia, tenemos Kammerspiel para rato, los textos de McCarten, Logan o Ives más acá de Netflix. Bienvenido sea.