Les contes d'Hoffmann

informació obra



Direcció Musical:
Riccardo Frizza
Direcció:
Laurent Pelly
Vestuari:
Laurent Pelly, Jean-Jacques Delmotte
Escenografia:
Chantal Thomas
Intèrprets:
Vincent Ordonneau, Aleksey Bogdanov, Alexander Vinogradov / Roberto Tagliavini, John Osborn / Arturo Chacón- Cruz, Laura Vila, Marina Viotti / Carol García, Nino Surguladze / Ginger Costa - Jackson, Olga Pudova / Rocío Pérez, Adriana González, Ermonela Jaho, Francisco Vas, Carlos Daza, Roger Padullés, Cor del Gran Teatre del Liceu
Vídeo:
Charles Carcopino
Il·luminació:
Joël Adam
Músics:
Orquestra del Gran Teatre del Liceu
Sinopsi:

Offenbach crea un món amb les seves pròpies regles. Situa Hoffmann com un poeta i compositor maleït que evoca el seu passat amorós i ens condueix a través d’un univers en què els somnis i la realitat s’entrellacen. 

Aquesta obra inacabada per la mort del compositor l’any 1880 narra els infortunis del poeta Hoffmann, obsessionat amb triomfar en l’amor, a través de tres històries doloroses inspirades per dones: la freda nina Olimpia, la fràgil i innocent Antonia i la cruel cortesana Giulietta.  

La preciosa (i també sinistra) producció romàntica de Laurent Pelly per al Gran Teatre del Liceu recull les dues cares del Romanticisme: la fosca història i la màgia del seu revers. Pelly crea un entorn extraordinari per retratar el torturat poeta i la frustració per la seva nèmesi. Un cop acabats els seus contes, tot i que Hoffmann vol oblidar, acabarà trobant el consol en el seu geni creatiu. Com ens recorda l’artista i mare del feminisme en la creació, Louise Bourgeois: “L’art és garantia de salut mental”, una forma de sanar l’individu i el món.  

Crítica: Les contes d'Hoffmann

28/01/2021

Hoffmann en medio de la pandemia

per Enid Negrete

Es increíble volver a estar en un teatro de ópera. Para los amantes de la lírica sigue siendo la actividad más interesante que puede hacerse fuera de casa y la que más nos acerca a la normalidad. Desgraciadamente volver al teatro también significa volver a los descuidados que, a pesar de los anuncios y advertencias, no apagan su móvil y hacen que el director de orquesta tenga que esperar para atacar el principio de la función.

¡Qué ópera más interesante es Les contes d'Hoffmann! y que fácil es olvidarlo. Una obra atípica en el repertorio de su compositor, pero también única en la tradición de la ópera francesa. Lejos del melodrama típico de su tiempo, en esta obra Jacques Offenbach (1819-1880) hace un retrato muy innovador del espíritu romántico.

Las metáforas fantásticas del libreto hacen de esta ópera una de las primeras obras no realistas del repertorio francés que dramatúrgicamente podemos catalogar en el género fársico sin dudarlo. El retrato psicológico desde la partitura y la capacidad de crear atmósferas emocionales son las dos características siempre reconocibles de esta partitura.

Esta producción que ya conocimos en 2013, cuando Natalie Dessay cantó su última puesta en escena en el Gran Teatro del Liceo, es sobria (tanto que a veces peca de aburrida) y minimalista. Con imágenes interesantes pero también en algunos momentos, desnuda y elemental.

El elenco estaba encabezado por el mexicano Arturo Chacón, cuyas mayores virtudes son una presencia escénica encantadora y un muy buen nivel actoral. En la parte vocal tenemos más problemas con la emisión y la matización de su fraseo, pero se debe decir que logró frases realmente bellas y mostró una enorme seguridad en todos los agudos de este largo y complicado personaje.

Excelente trabajo el de Olga Pudova en el papel de Olympia tanto vocal como interpretativo. Además, escénicamente se debe recalcar es uno de los mejores logrados en la estética y en la puesta en escena.

Ermonela Jaho, aunque no es la mejor interpretación vocal que se le ha visto en este teatro y al final del terceto tuvo serios problemas que resolvió más con oficio que con técnica, se caracterizó por hacer una Antonia conmovedora y profundamente emocionante.

Hermosa y profunda voz la de Ginger Costa-Jackson, mezzo norteamericana que interpretó a Giulietta, con una actuación muy convincente, pero en elenco femenino hay que subrayar la actuación de Marina Viotti en el papel de Nicklausse y la Musa, con preciosa presencia escénica, poética y siempre eficiente tanto escénica como musicalmente.

Del elenco masculino no se puede dejar de mencionar el buen trabajo de Roberto Tagliavini, con una voz poderosa y oscura, que daba los matices malignos que sus personajes necesitaban.   

La dirección orquestal fue de Riccardo Frizzá, quien sustituyó a Jordan de Souza y afrontó este trabajo con resolución, soltura y certeza.

En cuanto a la puesta en escena el manejo del coro no fue especialmente imaginativo, pero el de los personajes sí que creó atmósferas y relaciones interesantes.

Un regreso al teatro intenso, intelectual y emocionalmente por igual.  En medio de un teatro con butacas vacías, con mascarillas hasta en los instrumentistas y el propio coro, que no se las quitan nunca, (no así los solistas que nos permiten ver su rostro completo durante la función solamente), la música, el teatro y el canto se abren paso para recordarnos que la civilización humana sigue ahí, que somos más que un colectivo enfermo.