Tractat de blanques

informació obra



Intèrprets:
Carme Pla, Joan Català Carrasco
Assesor de moviment:
Bealia Guerra
Escenografia:
Neus Guix
Vestuari:
Neus Guix
Il·luminació:
Daniel Gener
So:
Daniel Gener
Producció:
Factea Produccions
Autor:
Joan Català Carrasco
Sinopsi:

Una dona estrangera viu la fantasia de la transformació de la seva identitat -la seva raça, la seva figura i fins i tot la seva memòria- en la d'una altra persona que respon als trets dominants del lloc on habita. Cada nit, durant la vigília, en els llargs períodes d'hores extres que està obligada a complir a l'empresa, ella relata l'experiència en forma d'instruccions per a una substituta -imaginària?- i aprofita per recordar de forma sistemàtica tot allò que ha de fer per alliberar-se, tot l'esforç que ha de fer per ser part del seu nou món.
A trenc d'alba i de sobte, com segurament ja ha previst, la imminent visita del seu passat, aquella altra dona que ha deixat abandonada, se li fa present un altre cop, com en un petit instant de reconciliació amb si mateixa, abans de començar un altre dia de feina.
Premi Serra d'Or 2002

Crítica: Tractat de blanques

26/07/2018

¿Hasta dónde llegarías para eliminar la diferencia?

per Alba Cuenca Sánchez

Formar parte de un grupo a cualquier precio. Encajar, aunque para ello tengas que borrar tu esencia. Aceptar las normas. Oír, ver y callar. Resignarte a un puesto humilde. Mantenerte quieta e invisible para que nadie sospeche que eres diferente. Hacer desaparecer tu pasado, tu historia, tu vida. Eliminarte.

Eso es lo que hace la protagonista de Tractat de blanques, un monólogo complejo que escribió en 2001 el dramaturgo Enric Nolla. Se trata de una mujer negra que se aclara el color de pelo y de piel para encajar en un mundo de blancos. Una mujer que vive para pasar desapercibida, que pasa las noches en la oficina gris en la que trabaja, pendiente únicamente de que la impresora siga funcionando, reproduciendo imágenes que no toleran la diferencia. Y luchando contra sí misma, contra sus recuerdos, contra su nostalgia, contra su cultura.

A escena una Carme Pla mayúscula, que se sale absolutamente del registro más cómico al que nos tiene acostumbrados. Aquí se enfrenta a un drama difícil e intenso, emprendiendo en cada función un viaje demoledor. Se pone en la piel, con toda la dificultad que eso supone, de un personaje que a la vez son dos: El pasado y el presente, la negra y la blanca, la extranjera y la infiltrada. A la vez, nos narra recuerdos muy duros, desdoblándose ella misma en el resto de personajes que intervienen y transportándonos a un horror que sin embargo nos resulta terriblemente realista.

Marc Molina dirige una puesta en escena sencilla pero efectiva. La impresora queda fuera del escenario y tan solo el sonido nos informa de su funcionamiento. La escenografía de Neus Guix está formada por una mesa de oficina y un andamio metálico, con sorpresa final. Los sonidos, la música y la iluminación de Daniel Gener hacen el resto, transportándonos por la historia y por las emociones de la protagonista.

Una obra que nos refleja el racismo y la intolerancia de nuestras calles. Porque mientras vemos hasta dónde puede llegar el personaje para ser aceptado, nos preguntamos hasta dónde llegará nuestra ofensiva para eliminar la diferencia. Y quizás entonces nos planteemos superar el miedo a lo desconocido y empezar a disfrutarlo y celebrarlo.