Cinémateque

Dansa | Nous formats

informació obra



Autoria:
Adrien Mondot, Creació col·lectiva
Direcció:
Adrien Mondot, Thomas Hauert
Intèrprets:
Adrien Mondot, Satchie Noro, Akiko Kakjihara, Maëlle Reymond
Il·luminació:
Elsa Revol, Jérémy Chartier
Dramatúrgia:
Charlotte Farcet
Composició musical:
Christophe Sartori, Laurent Buisson
Sinopsi:

On és l'escenografia? Potser quan arrenqui l'espectacle pensareu en un immens llibre en blanc dins del qual evolucionen els protagonistes d'aquesta peça. De seguida, però, veureu com les pàgines s'omplen de lletres i com un desert aparent es transforma en un paisatge oníric en transformació constant.

De vegades us suggerirà mons familiars i de vegades us arrossegarà cap a espais inquietants i mai vistos, on els intèrprets corren el risc de caure en un abisme digital a cada passa que fan. Una pluja d'imatges amb una forta càrrega poètica s'enllacen creant una dramatúrgia on, malgrat l'absència d'una narració, s'expressen tota mena d'emocions. I és que el món de la tecnologia i els paisatges digitals no havien estat mai tan plens de sentiments i poesia com en les mans d'aquesta companyia, nascuda del desig de trobar un punt comú entre l'aspecte lúdic de les arts del circ, el risc inherent al món dels malabars i l'abstracció de la dansa.

Crítica: Cinémateque

12/07/2015

Sueño digital

per Jordi Sora i Domenjó

En las propuestas de danza y artes digitales de la compañía Adrien M / Claire B todo se muestra. Por eso presenciamos en directo el dibujo cambiante de las formas sobre las que la bailarina se desplaza. Hay una intencionalidad evidente en ese esfuerzo: podrían simplemente enseñar lo plástico de ese juego, con las imágenes en movimiento que tanto lo digital como lo humano producen. Pero ésa es, precisamente, la primera advertencia de su trabajo: cuando hablamos de artes en movimiento lo hacemos todavía sin considerar que ni la creación, ni el gesto en desplazamiento pertenecen en exclusiva a nuestras humanas capacidades, mundo tangible de la física de las partículas; ciegos todavía como somos a esa otra realidad que existe: la cuántica.

Pero “Cinématique” va todavía más allá en los presupuestos teóricos sobre los que se sustenta. Uno tiene que ver con la propia teoría de la danza. El otro con la imagen en movimiento y es un homenaje a los pioneros del cine. En ambos casos se trata de un recordatorio: ¿podemos siquiera imaginar cómo eran aquellas viejas experiencias en las que en una sala a oscuras aparecía en la luna un cohete encastado? Tenemos la tendencia a olvidarlo, por lo habituados que estamos a que nuestros ojos sean incapaces de leer el fotograma, por la lentitud con la que procesan la velocidad con la que se proyecta delante nuestro. Pero la ilusión óptica es la base, como sabemos, del cine. Y también del arte digital, siempre en flujo constante entre opuestos binarios de fugaces ráfagas de luz.

Por lo que respecta a la danza, “Cinématique” no presenta efectivamente unas prestaciones técnicas por parte de la bailarina que vaya demasiado más allá de la corrección interpretativa. Tampoco es eso lo que se busca. Hay en la base del espectáculo un reconocimiento a uno de los principios del ballet y la danza clásica que justifica la pertinente adscripción de este espectáculo con esa tradición y que hemos de celebrar, especialmente si recordamos que la compañía triunfa en todo el mundo siendo presentada como un ejemplo de esos nuevos espacios creativos entre las artes digitales y las del movimiento. Todo muy actual, muy nuevo, con lo que poder hacer tantas cosas, que les obligan a no olvidar las bases de sujeción.

Y en lo que aporta una bailarina en una experiencia teatral como ésta, se encuentra algo muy primitivo, pero por ello fundamental en nuestra relación para con el arte: la pura contemplación (de la belleza, me permitiréis...) Ésa es la esencia de lo estético. Luego podemos hasta intentar derrotar los conceptos de lo que en su origen representa la mirada espectadora. Podemos hasta dejarnos confundir con la palabra y que sea ésta presentada como la esencia de lo teatral. Pero lo que antecedió al discurso, fue el gesto en movimiento y la admiración que generaba su contemplación. Algo de tanta fortaleza y esencia que no es de extrañar que para una compañía que apuesta por las herramientas digitales bien visibles sobre el escenario, conscientes de esa historia que define la propia humanidad, y como anticipando que en las próximas décadas algo está cambiando, centren su espectáculo en bellas escenas para la contemplación pausada.

Atentos, parecen advertirnos, porque comienza el sueño digital.