La Fille du Régiment

informació obra



Direcció:
Laurent Pelly, Christian Räth (reposició), Kasper Holten
Ajudant de direcció:
Albert Estany
Escenografia:
Chantal Thomas
Vestuari:
Laurent Pelly
So:
Joël Adam
Coreografia:
Laura Scozzi
Producció:
Gran Teatre del Liceu, Metropolitan de Nova York, Covent Garden de Londres, Staatsoper de Viena
Músics:
Orquestra Simfònica Gran Teatre del Liceu, Cor del Gran Teatre del Liceu
Intèrprets:
Sabina Puértolas, Ewa Podleś, Bibiana Fernández, Javier Camarena, Simone Alberghini, Isaac Galán, Carlos Daza, Olivier Decriaud
Direcció Musical:
Josep Pons
Sinopsi:

Tirol, Suïssa. Marie, una jove òrfena, és adoptada per un regiment de soldats. Coneix el civil Tonio i s’enamoren, però els soldats s’oposen al casament, fins que Tonio es fa soldat. La marquesa de Berkenfield reclama Marie com a neboda i se l’emporta al seu castell. Allà prova d’educar-la perquè es casi amb un aristòcrata. Mentrestant, Tonio i el regiment lluitaran per recuperar Marie.

El Liceu recupera la celebrada producció de Laurent Pelly, que presenta una crítica social amb gran sentit de l’humor, envoltat de paisatges de gran bellesa plàstica.

Un magnífic repartiment encapçalat per Javier Camarena, Sabina Puértolas, Ewa Podles i Simone Alberghini que interpretaran aquesta divertida i fresca òpera de Donizetti.

La Fille du Régiment

Opéra-comique en dos actes. Llibret de Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges i Jean-François-Alfred Bayard. Música de Gaetano Donizetti Estrena absoluta: 11/02/1840, Opéra-Comique de París. Estrena a Barcelona: 30/08/1844, Teatre Nou. Estrena al Liceu: 06/11/1850. Darrera representació al Liceu: 25/03/2010. Total de representacions al Liceu: 36.


Crítica: La Fille du Régiment

19/05/2017

La fille du regiment: mucho más que 18 do de pecho

per Enid Negrete

Esta ópera, a pesar de que en 1950, ciento diez años después de su estreno,  ya contaba con un millar de representaciones en todo el mundo,  fue siempre considerada como una obra menor. Un libreto predecible, una música interesante pero muy en la escuela del bel canto de su tiempo y una dificultad enorme en su ejecución hicieron que desapareciera de los escenarios durante  un siglo. ¿Por qué ahora, ciento setenta y siete años después de su estreno, se convierte en un fenómeno y en éxito casi seguro, cada vez que se monta? Quizá, porque se necesitó un espectador que se reconciliara con el bel canto después del verismo, lo más probable, también, es que sea porque la evolución de la técnica vocal permite una interpretación completamente diferente y ahora tenemos cantantes ejemplares para abordarla.  Sin embargo, debemos admitir, que lo que pasó el pasado martes en el Gran Teatro del Liceo fue mucho más que eso.

El público del Liceo ya conocía esta producción que está basada en las que hicieron otras casas de ópera, y que dirige magistralmente Laurent Pelly. La última vez que se vio en el Liceo fue con la Marie de Ptricia Ciofi y el Tonio de Juan Diego Florez. Por lo tanto ya se sabía lo interesante que es su propuesta plástica, lo bien logradas que están las acciones del coro con los solistas y la interesante concepción de los personajes que logra construir el director de escena. Por todo esto, podemos hacer las comparaciones y descubrir que una buena producción, con un buen elenco siempre es un buen espectáculo, claro. Pero cuando los intérpretes son más que buenos cantantes, entonces sucede un milagro que hace que una producción ya vista, no sea un remontaje, sino una obra de arte que parece suceder por primera vez.

La Marie de Sabina Puértolas no sólo cantaba bien, estaba llena de energía, de matices que sólo una muchacha crecida en un ambiente masculino tendría. Independiente, berrinchuda, divertida, su personaje estaba construido desde un punto mucho más profundo que la mera ejecución vocal, era un ser humano completo, además de tener grandes facultades vocales.

Claro que los nueve dos de pecho del Tonio de Javier Camarena, (que se convirtieron en dieciocho cuando el público aplaudió más de cuatro minutos pidiéndole un bis) son impresionantes, por el color, la facilidad y la claridad de la emisión. Sin embargo, se deben destacar muchas más cosas en el trabajo de este artista en este papel. Primero, el dominio técnico de cuestiones como el fraseo, la pureza de la línea vocal a lo largo de toda la obra y la capacidad expresiva de su canto; pero también se tiene que mencionar la calidad actoral con la que construye el personaje.  Muy lejos de un niño tonto y tontamente enamorado, Camarena nos entrega a un joven, entrañable y adorable, dispuesto a dar todo por el amor de su vida con la profunda valentía típica de la era romántica, y es este síntoma de patetismo, lo que lo vuelve un personaje de carne y hueso. Cuando canta la bellísima  aria Pour me rapprocher de Marie logra una profundidad psicológica del personaje que, además de sorprender al espectador, demuestra  la diferencia entre un buen cantante que sale a ejecutar bien una partitura (que no es poca cosa), y un cantante que sale al escenario a ser y vivir como su personaje, que es lo extraordinario.

Todo el elenco, excelente, homogéneo y dirigido con eficacia musicalmente por Giuseppe Finzi, nos hizo comprender que la ópera es estas cosas complejas que implican no sólo un dominio técnico acrobático, no sólo una belleza plástica enriquecedora, sino esta sensación exquisita de que la ficción escénica nunca es una mentira, sino otra realidad extraordinaria y que cada espectador es afortunado por ser testigo de ella.