M.A.R.I.L.U.L.A.

informació obra



Autor:
Lena Kitsopoulou
Traducció:
Joan Sellent, Kyriakí Cristoforidi (assessoria a la traducció)
Adaptació:
Josep Maria Mestres, Joan Sellent, Mònica Glaenzel
Intèrprets:
Mònica Glaenzel
Direcció:
Josep Maria Mestres
Escenografia:
Max Glaenzel
Il·luminació:
Raimon Rius
Vestuari:
Bàrbara Glaenzel
So:
Jordi Bonet
Assesor de moviment:
Montse Colomé
Sinopsi:

Avui no és un bon dia per a la protagonista de M.A.R.I.L.U.L.A. De fet, fa dies que no està gaire bé. Asseguda a la seva taula de treball mentre espera sense massa ganes l'arribada del seu amant ocasional, escolta música, es formula els perquès del seu desencís, busca sortides a la seva situació, ens explica la seva visió del món... Hi ha tantes preguntes sense resposta? Tant de bo existís una pastilla que ho arreglés tot! M.A.R.I.L.U.L.A., Una comèdia existencialista.

Crítica: M.A.R.I.L.U.L.A.

15/09/2014

Un gran actriz para un monólogo entre la queja existencial y el humor

per José Carlos Sorribes

Aquellos espectadores que inevitablemente, por la constante reposición en TV-3, asocien a Mònica Glaenzel con ‘Plats bruts’ pueden comprobar estos días que dispone de una paleta interpretativa más allá de su comicidad incuestionable. Glaenzel, una actriz injustamente apartada de la primera fila, es la intérprete del monólogo existencialista ‘M.A.R.I.L.U.L.A.’ que abre el curso en La Seca-Espai Brossa. Y lo hace con un magnífico ejercicio actoral, al que contribuye la afinada puesta en escena de Josep Maria Mestres. Siempre al servicio de su intérprete.

Este monólogo de título tan críptico lleva la firma de la autora y actriz griega Lena Kitsopoulou y se estrenó en su país en el 2009. O sea, cuando Grecia vivía bajo los efectos, que persisten, del desplome de su economía. Pero este entorno -o por lo menos la adaptación que firman Glaenzel, Mestres y Joan Sellent- queda diluido en un montaje sobre una mujer de unos 40 años que vive bajo el efecto de una depresión. Para nada se llama a revoluciones colectivas, sino de una insatisfacción vital de alguien que se cuestiona su papel en un mundo hostil.

El texto, desarrollado de forma ingeniosa, evita que ese escenario personal conduzca al espectador a un tortuoso seguimiento de las desventuras de la protagonista. Así juega con un tira y afloja entre la rabia, la mala leche y el desencanto con el humor sano y autoparódico. En ambos terrenos, Glaenzel deja huella de su capacidad para la gestualidad con un trabajo generoso, esforzado y sin trampas en la escenografía sorprendente de su hermano Max. Y para que no falte nada hasta tiene unos infalibles minutos musicales. El cóctel acaba por rendir al espectador más escéptico.


Trivial