No se registran conversaciones de interés

informació obra



Dramatúrgia:
Roberto Fratini
Intèrprets:
Laura Calvet, Maria Salgado, Alessandra García
Il·luminació:
Ana Rovira
So:
Carlos Gómez
Vídeo:
Txalo Toloza
Ajudant de direcció:
Txalo Toloza
Autor:
Alejandro Curiel
Direcció:
Alejandro Curiel
Sinopsi:

És un muntatge signat per Roger Bernat, un artista especialitzat en muntatges teatrals sense actors en els quals l'espectador assumeix el protagonisme, sigui convertint-se en part de la funció (La consagració de la primavera, Numax-Fagor-plus, vista al Grec 2014...) sigui, com en aquest cas, esdevenint un mediador que es crea la seva pròpia versió dels fets escollint entre un seguit de textos i converses. L'acció es remunta a l'any 2012, quan alguns ciutadans residents a Ceuta van viatjar a Síria per combatre amb l'Estat Islàmic. La policia va intervenir els telèfons d'aquests individus i va sotmetre a control les seves publicacions en les xarxes socials. La repetició literal i la reproducció mecànica d'aquests textos i els diàlegs telefònics que mantenien són, de fet, la matèria primera de No se registran conversaciones de interés.

En entrar a la sala, cada espectador rebrà uns auriculars sense fils amb tres canals, cadascun dels quals els permetrà escoltar uns actors reproduint alguns d'aquells diàlegs. I saltant entre canals diversos, cadascú es construirà el seu propi relat, de manera que no hi haurà dos membres del públic que visquin la mateixa experiència. El terrorisme islàmic, però també el dia a dia en els barris de Ceuta o mil i una qüestions quotidianes són igualment protagonistes en un muntatge que ens parla de l'Estat Islàmic prescindint dels filtres periodístics i que ens permet analitzar no només el fons dels comunicats de l'organització sinó també la forma d'uns missatges que han estat generats a la manera dels productes de la cultura de masses.


Crítica: No se registran conversaciones de interés

31/07/2017

Un tercio de espectáculo

per Alba Cuenca Sánchez

De este montaje destaco tres cosas. La primera, el discurso de la malagueña actriz Alessandra García cuando explica, sin micrófonos ni cascos de por medio -por qué ese trozo en particular es directo al público es un misterio-, el paralelismo entre las mujeres del barrio donde se crió y aquellas cuyas conversaciones recita en el espectáculo. Y es que esta obra de Roger Bernat se basa en las escuchas telefónicas y los mensajes en redes sociales de personas que en 2012 viajaron de Ceuta a Siria a combatir por la yihad. Lo que vemos son dos actrices y una poeta que leen o recitan las transcripciones de las conversaciones entre los soldados del estado islámico y sus pacientes y luchadoras esposas, quienes aceptan los sacrificios de sus maridos y se quedan al cargo de sus familias.

El segundo elemento destacable son los videos con los que empieza la función, materiales reales con publicidad del estado islámico. Con un ritmo trepidante, las explosiones, las muertes y la guerra parecen tan fascinantes como la promoción de un nuevo videojuego. Pero esto es todo lo que veremos del proceso de radicalización, puesto que las conversaciones que escuchamos son en un momento de plena convicción de sus ideales. No hay evolución, o quizás es que me la he perdido.

Digo que quizás me la he perdido porque solo es posible ver un tercio desordenado del montaje. El problema viene dado por el formato, en el que el espectador es equipado con cascos y debe escoger en cada momento a cuál de las tres mujeres que hablan simultáneamente escucha. Demasiadas informaciones entrecortadas no nos permiten ver el mensaje. Tampoco ayudan los audiovisuales que se proyectan detrás de las actrices con acotaciones e imágenes relacionadas con el discurso de cada una. Al final, entre buscar lo interesante y no querer perderse nada, entramos en una dinámica en la que no acabamos de escuchar ni de entender nada.

Finalmente, destaco el título del espectáculo, que hace referencia a la anotación con la que se referían los investigadores españoles a las conversaciones de los terroristas cuando no hablaban de “lo importante”. Cuando preguntaban a sus mujeres como estaban sus hijos o les decían que les querían, ese material carecía de interés y así lo indicaban. Es decir, los momentos más íntimos y humanos de los terroristas no tienen ninguna importancia en el discurso bélico.

Dejando de lado esos tres puntos, salgo con la sensación de haber visto solo una parte de la obra. Y eso hace que el discurso, que sí que es de interés, quede relegado por un experimento fallido del formato. No siempre se puede acertar.