Quartett

informació obra



Companyia:
Luca Francesconi, Peeping Tom
Ajudant de direcció:
Patrizia Frini
Escenografia:
Alfons Flores
Vestuari:
Lluc Castells
Il·luminació:
Marco Filibeck
So:
Serge Lemouton
Vídeo:
Franc Aleu
Producció:
Teatro alla Scala (Milà), Peeping Tom
Músics:
Orquestra Simfònica Gran Teatre Liceu
Intèrprets:
Robin Adams, Allison Cook
Sinopsi:

París, França. Dos examants es troben atrapats en un joc de seducciò on l'única sortida és la mort. La marquesa de Merteuil proposa una juguesca al vescomte de Valmont per seduir a Cécile, la seva neboda verge; però ell prefereix el repte de captivar a Madame de Tourvel, una esposa fidel.

Una revisiò de Les amistats perilloses de Heiner Müller. Luca Francesconi compon una obra que reflexiona sobre la decadència de certes classes socials. El muntatge d’Àlex Ollé (La Fura dels Baus) se situa en una caixa suspesa a l’escenari que representa l’aïllament emocional dels personatges.

L’orquestra del Liceu es combina amb la música preenregistrada i tractada electrònicament d’una altra orquestra que emet el so per damunt dels caps de l’audiència. Una experiència immersiva i irrepetible.

Crítica: Quartett

07/03/2017

Cuando amar es una humillación

per Enid Negrete

Si usted es un espectador de la ópera que va con la idea de llevarse una melodía en la cabeza, mientras pasea de la mano de su pareja por las afueras del teatro, no le recomiendo que venga a ver esta ópera. Pero si es usted un espectador que busca una forma nueva de relacionarse con el mundo y consigo mismo, si le preocupa el por qué de las barbaries de los seres humanos y cómo se puede trastocar todo lo que podemos considerar puro y verdadero, no puede perderse esta ópera.   

Hablar de Heiner Müller (1929-1995) es hablar de una de las tendencias más oscuras del teatro del siglo XX alemán, pero esta vez tenemos que hacer un largo recorrido histórico para entender cómo es que estos personajes inmisericordes, terribles y profundamente infelices llegaron a nosotros desde el mundo exquisito de la Francia pre revolucionaria y decadente que retrata Pierrer Choderlos de Laclós en 1782 con su obra  Les liaisons dangereuses, pasando por la pluma descarnada de Müller en 1980 con su sintética y fascinante obra de teatro Quartett y terminando en un libreto hecho por el propio compositor de la ópera homónima que se acaba de estrenar en España en el Gran Teatro el Liceo de Barcelona en estos días. 

Luca Francesconi (1956- ) tiene muchos aciertos en esta obra, el primero de ellos es que conserva mucha de la oscuridad de la obra original, el segundo que las partes grabadas acertadamente conviven con la música en vivo dando lugar a los diferentes planos de al realidad que marca la acción escénica. La tensión dramática, que en la obra depende de los actores, en este caso, depende de una orquestación muy tensa que, evidentemente no puede lograr el mismo efecto, pero se parece bastante. Una ópera así, no puede montarse en escena de cualquier manera, la acción, el texto y la música están relacionadas tan intrínsecamente que es imposible desvincularlas y quizá este sea el mayor acierto. Es la consecuencia lógica de un movimiento que comenzó con el Wagner de la obra de arte total y llegó a la escena posdramática y sí, no puede ser de otro modo, solicita un espectador también poco convencional.

La extraordinaria puesta en escena de Alex Ollé, con el equipo visual de la Fura que nunca decepciona, nos encierra en medio de la nada o del todo -da igual- en un mundo flotante y mágico, cerrado, asfixiante y lleno de todo lo que no podemos creer que exista entre dos seres humanos que, en esencia, no pueden sufrir la desgracia de amarse. ¿Qué es más impresionante? ¿Allison Cook y Robin Adams haciendo un dúo de más de ochenta minutos, yendo y viniendo de los límites técnicos de su voz, su actoralidad y expresividad? ¿La música siempre angustiante con una orquestación basada en la tensión? ¿Ese texto de profundidades escalofriantes? ¿Ese espacio claustrofóbicamente perfecto? Lo más impresionante es el conjunto de todo ello y su capacidad para retratar los infelices monstruos que nos habitan.  

Simplemente extraordinario.