Tragédie, new edit. Olivier Dubois

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Companyia:
Olivier Dubois
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Deu anys després de l’estrena, Olivier Dubois ha reescrit aquest poema coreogràfic, Tragédie, una peça vertiginosa i caòtica. Amb instruments de percussió gegantins, es representa el gran cicle de la vida. Es veu la humanitat com un palimpsest, en què s’escriu, s’esborra i es torna a escriure… Els intèrprets de Tragédie —amb catorze dels divuit originals—colpegen el terra, caminen, s’aixequen, s’enfronten els uns als altres, llisquen, s’agenollen, apareixen, desapareixen, es mimetitzen per no bolcar-se… i són testimoni del nostre destí comú. Amb l’estrena al Festival d’Avinyó el 2012 immediatament va esdevenir una peça de manifest, un autèntic monument de la dansa contemporània.

Ja fa més d’una dècada que Olivier Dubois agita l’escena de la dansa contemporània francesa amb algunes de les peces coreogràfiques més radicals que s’han vist fins avui dia. Va ser director del Ballet du Nord entre 2014 i 2017, i la revista Dance Europe el va nomenar un dels vint-i-cinc millors ballarins del món el 2011. Olivier Dubois ha interpretat per a Angelin Preljocaj, Cirque du Soleil, Jan Fabre, Dominique Boivin, Sasha Waltz i molts altres, i ha creat nombroses peces que han rebut diversos reconeixements. Al Mercat l’hem pogut veure recentment en dues ocasions, l’any 2018 amb Auguri i el 2021 amb My body of coming forth by day.

Crítica: Tragédie, new edit. Olivier Dubois

01/04/2024

La pasarela de la deshumanización

per Imma Fernández

Hipnótica, inquietante, insólita. La ‘Tragédie, new edit’ del coreógrafo y bailarín francés Olivier Dubois atrapa desde el inicio, cuando introduce al espectador en un ‘loop’ que parece inacabable, con los intérpretes –nueve hombres y nueve mujeres- andando por unas líneas y casillas marcadas sobre el suelo. Entran y salen tras el cortinaje del fondo como en las pasarelas de moda, pero aquí el vestuario es su propia piel. Desnudos, mostrando su vulnerabilidad y sus diferencias de formas, colores, tamaños… parecen sometidos a un orden opresivo que les obliga a caminar con la precisión de un reloj suizo, sin desviarse ni un centímetro de la línea para no tocarse con el resto. Como en las marchas militares, avanzan impertérritos e inalterables, sincronizados cual robots. Transmiten una deshumanización pavorosa que junto con el martilleante sonido de percusión nos puede evocar la fábrica de los ‘Tiempos modernos’ de Chaplin e incluso la reciente ‘L’alegria que passa’, con la coreografiada rutina fabril. No son gratuitos los desnudos, como sucede a veces en productos que buscan el gancho fácil y la provocación. Aquí son seres humanos desprotegidos y desarmados, lanzados a la batalla diaria tal como son. Simbolizan la esencia y la autenticidad de una especie despojada de todos los artificios de esta sociedad tecnológica del consumo. Una especie sin salida, cautiva en un bucle sin final.

La pérdida del control físico y emocional, que conlleva también la rebelión contra el orden homogeneizante, asoma a cuentagotas. Primero, con muy leves gestos de individualización, miradas, tics, aspavientos, espasmódicos movimientos…. Luego, rompiendo bruscamente las normas y perdiendo todo el control, con repetidas caídas al suelo que evidencian la fragilidad del ser humano. ¡Qué difícil es salir del redil!

Poco a poco va cobrando fuerza una inquietud incontrolada y vemos cómo los cuerpos se van cayendo unos sobre otros, apilándose como los cadáveres de los genocidios. Montañas de cuerpos que van rodando hasta desaparecer. Parece el fin del mundo y de la pieza, pero esta continúa y vuelve al bucle inicial.

Los bailarines retoman el ritual de la pasarela con marchas más vigorosas e individualistas. Hacen recorridos distintos, cambian de casillas, se acercan más unos a otros… Poco después rompen los esquemas y ocupando anárquicamente todo el espacio evolucionan hacia una catártica liberación o animalidad, con saltos, contorsiones, formaciones entre hombres y mujeres, enfrentamientos… Puede sugerir el grito desesperado de la humanidad. Una tragedia sin fin que hoy –la pieza fue estrenada en Avignon en el 2012- cobra mucho más sentido con las guerras cercanas. Apabullante.