Blasted

informació obra



Traducció:
Albert Arribas
Intèrprets:
Pere Arquillué, Marta Ossó, Blai Juanet
Escenografia:
Sílvia Delagneau
Il·luminació:
Raimon Rius
Vestuari:
Bàrbara Glaenzel
So:
Igor Pinto
Assesor de moviment:
Riikka Laakso
Caracterització:
Eva Fernández
Ajudant de direcció:
Marta Tirado
Dramatúrgia:
Llàtzer Garcia
Direcció:
Llàtzer Garcia
Sinopsi:

Una habitació d’hotel. Una dona jove es retroba amb el seu amant. La jove suportarà els abusos d’aquest home, misògin i racista, que li duplica l’edat, fins que el pes de la violència rebenta la intimitat de la cambra. Un personatge i una situació odiosa. Blasted, de Sarah Kane, és una de les fites teatrals del segle xx, que va marcar la societat britànica dels anys 90 per la seva duresa, per la implacable i fosca mirada sobre l’ésser humà. Encara ara és capaç de forçar els límits del públic i incomodar-lo. I més si està interpretada per una autèntica bèstia de l’escena: Pere Arquillué, i dirigida per una jove directora, Alícia Gorina, amb una carrera ascendent.

Crítica: Blasted

24/01/2018

Un montaje excesivamente conservador

per Elisa Díez

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Blasted es una obra muy complicada, no sólo de digerir que aquí ya cada cuál verá que le pasa por dentro, es una obra muy complicada de montar, de dirigir, de interpretar... 

Unos días después de ver el montaje sigo pensando que peca de conservador. Desde la puesta en escena que protege al espectador de una manera un tanto inexplicable a la dirección de actores demasiado contenida.

El texto sigue siendo maravilloso pero eso ya nos venía de fábrica. No logro entender el porqué de las cortinas, que dependiendo de donde te encuentres sentado dificulta la visibilidad de los personajes entre los pliegues. He llegado a pensar que actúan como pantalla, una especie de filtro que haga que el espectador no se crea todo aquello que ve sino que parezca como una caso más de los que salen en las noticias.

Inseparablemente unidas a las cortinas está la elección del diseño de luces de Raimon Rius, excesivamente naturalista, blanco, sin cambios, una búsqueda demasiado remarcada por hacer bonito algo que no lo es. Falta ese ambiente hipnótico y catastrófico que te deja el texto cuando lo lees.

A la puesta en escena se une un comprensible y a la vez discutible casting de actores. Pere Arquillué es un peso pesado de la interpretación catalana, un nombre que hace cartel y que vende entradas, pero que lo único que consigue transmitir su encarnación de Ian es asco, de todo lo que el texto marca que suelte por la boca. Me falta la angustia existencial que dibuja Kane. Tampoco queda bien definida la turbulencia con la que está descrito el personaje, ese mundo interior con un punto psicótico que en manos de Arquillué se ha visto totalmente desdibujado.

Más compensada está Marta Ossó como Cate pero a la que la batuta de dirección tampoco ha sabido encontrar el punto. No se ha querido hacer sangre de un tema tan delicado como los abusos sexuales y se ha dejado que sean las palabras más que las acciones las que den a entender el que está o va a pasar. Ossó tiene la escena más simbólica hacia el final de la obra, donde sin mediar palabra es una bofetada directamente al estómago y sin duda lo mejor del montaje.

(...)