Livalone

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Sinopsi:

Francesc Cuéllar encarna el prototip de jove de vint-i-tants que intenta la gran fita de viure sol, sense compartir pis, a Barcelona. Amb la conferència com a format vehiculador, es construeix un relat en primera persona, amb lucidesa i humor, sobre els camins per arribar a l'autosuficiència abans dels trenta. Una dissecció de les adversitats i els entrebancs que han d'afrontar, per sobreviure amb una certa dignitat, una generació de joves millenials que viuen indefinidament en precari: l'especulació, la gentrificació, la bombolla immobiliària, el turisme de masses... Un repàs minuciós i sarcàstic dels usos i costums, drets i necessitats de la societat contemporània. Pel que toca a maneres de viure.

Crítica: Livalone

10/09/2019

Naces y mueres solo...

per Alba Cuenca

El resto probablemente tengas que hacerlo en compañía. A sus veinticinco años, Fran lleva ya tres intentando independizarse en Barcelona. Un objetivo tan lógico y natural como es el formar un hogar propio hoy en día es prácticamente imposible. Como él, miles de jóvenes y no tan jóvenes desean poder pagarse una vivienda en una gran ciudad pero terminan gastando la mitad de su sueldo en un agujero compartido. El metro cuadrado sube incontroladamente mientras los salarios, con suerte, se mantienen. Ante estas cifras desoladoras, y como no es heredero, cultivador de marihuana ni cumple ninguno de los requisitos para convertirse en manager de futbolista – masculino, por supuesto- , Cuellar ha decidido, junto a su compañero Alejandro Curiel, hacer un espectáculo con el que denunciar la situación.

En esta conferencia escenificada, entre los dos nos contaran como han sido las 7 viviendas en la que ha cohabitado Fran sin encontrar en ellas un hogar. Junto a la palabra, la música es el otro gran elemento predominante con todo tipo de referentes populares: Desde Michael Jackson hasta Mónica Naranjo pasando por los mensajes ocultos en las letras de La Oreja de Van Gogh. Los creadores se reafirman en la crítica, el humor negro y la poesía que ya había en Los bancos regalan sandwicheras y chorizos, Arma de construcción masiva y My low cost revolution y las consolidan una vez más como marcas de la casa, aunque esta vez con un despliegue menos extravagante. No les hace falta: el uso del espacio les basta para generar un desarrollo continuo.

Después de que la pareja de actores (y dramaturgos, y técnicos e ideólogos) nos reciban y se presenten en la entrada de un viejo y destartalado edificio – en este caso la fábrica de Cal Trepat, en Tàrrega - nos dan paso cual visita guiada a una sala vacía en la que nos mantendremos de pie. Los performers se moverán entre nosotros, alternando imagen y sonido y apareciendo de la nada cuando menos lo esperemos. El efecto sorpresivo es una constante, con un ritmo dinámico que, aunque todavía decae un poco hacia la mitad, seguro que acabará de enderezarse a medida que cojan rodaje.

Pero lo mejor está por llegar, pues el final es impactante, surrealista y a la vez terriblemente lúcido. De esos finales que no deberían spoilearse y de los que Juan Mayorga definiría como  “Necesario e imprevisible. Inevitable y sorprendente.” Una última carambola que cierra el círculo y nos deja con un sabor buscádamente agridulce. Como no parece que la temática vaya a pasar de moda, esperemos que este punto y seguido de Tàrrega sea el primero de una larga trayectoria.