Othelo

informació obra



Intèrprets:
Justina Grande, Hernán Franco, Martín López, Jordi Andújar
Escenografia:
Jorge Pastorino
Il·luminació:
Jorge Pastorino
Vestuari:
Gabriel Chamé
Autor:
Pau Plana
Sinopsi:

“Siempre Shakespeare. Lo cómico es trágico y tan trágico que es cómico, o lo que somos capaces de hacer por odio y celos”. 

Cuatro actores, especialistas en el teatro físico, el clown y el burlesco, interpretan la famosa tragedia de William Shakespeare, Othelo

En una puesta totalmente despojada de realismo cotidiano, el juego físico y el verso blanco del maestro inglés se enfrenta y se complementa en un lenguaje lúdico, hilarante y absurdo. Respetando el texto de Othelo, su poesía, y tensión dramática, ahondo en las intenciones de los personajes a través del gag cómico, generando una ironía siniestra en la tragedia. Investigo, sin solemnidad, la relación entre lo trágico y lo cómico, como claves del teatro clásico y contemporáneo. 

Othelo es actual y me cuestiona sobre: el amor la lealtad, el racismo, la ambición, la violencia doméstica, envidia, celos, frialdad científica y o, creencia sanguínea. ¿Qué es para nosotros un negro, un mentiroso, y la venganza?. 

Othelo es un espejismo maléfico en el que acercándote no ves más que arena. O tu propia tragicomedia.

Gabriel Chamé Buendía

Crítica: Othelo

18/09/2016

¿Othelo, una tragedia?

per Iolanda G. Madariaga

Se puede deducir sin dificultad por el “spoiler” que contiene el título -Othelo termina mal- cuál será el tono predominante del espectáculo; sin embargo, es imposible predecir el grado de comicidad a que se somete una de las tragedias más conocidas de Shakespeare. Entrar en este Othelo, es sumergirse de lleno en una tormenta de hilaridad sin tregua. Sin cambiar apenas el desarrollo dramático del original, Gabriel Chamé Buendía ha recortado personajes, escenas, parlamentos y ha introducido todo tipo de juegos de palabras, greguerías, equívocos, ripios infames, asociaciones absurdas y referencias a la profesión, a la actualidad y al público con el objetivo de crear la necesaria distancia cómica y transformar la tragedia en una comedia con tres planos de representación en cuyas intersecciones se desbordan las carcajadas. Aunque de nada serviría el portento dramatúrgico si no estuviera apoyado en las interpretaciones de cuatro magníficos payasos ocupados en profundizar en la vertiente absurda de puro obscura de sus personajes. Yago es, en esta versión, el enharinado que reparte juego, siempre contando con el permiso y la complicidad del gran Shakespeare que aparece, a modo de venerado icono, en el margen izquierdo del escenario. Aunque asuma también el papel del gran duque, Gabriel Beck compone su Yago de una sola pieza. Lo muestra, eso sí, a cachitos: la inteligente dirección de Chamé juega todos los recursos para darnos sus apartes en primeros planos proyectados en el telón de fondo/pantalla. Desdémona/Elvira Gómez es ella y su papá, una boba enamorada creadora de las rimas más absurdas y un Pantaleón sin máscara. El Capitano -por supuesto, Othelo/Matias Bassi- es la pura encarnación del bruto útil y además extranjero; está claro que la relevancia de su personaje limita su repertorio de papeles en la función que queda reducido a algunos figurantes con frase. Del resto de los personajes se ocupa Martín López, un Augusto para lo que sea menester que sigue el juego sin entenderlo; el que se lleva todas las tortas ya sea como doncella de Desdémona, como el apuesto Casio o como… Este Othelo es una suma de las más ricas tradiciones teatrales pergeñada por un alma de payaso como la de Chamé. No se puede contar la cantidad de talento que reúne esta función que, a fuerza de parodia, acaba por elevar a los más altos altares aquello que toca, ni que sea de un modo tangencial. ¿Les dije que Othelo acaba mal? Acabar, acaba fatal, pero ¡qué bien lo pasamos y cómo nos reímos!


Trivial